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domingo, 6 de enero de 2013

En Navidad, ante Jesús, vemos la fe de María, de José y de los pastores; y hoy, en la Epifanía, vemos la fe de los Magos, venidos de Oriente para adorar al rey de los Judíos.





Texto completo de la alocución del Papa a la hora del ángelus

Queridos hermanos y hermanas: Hoy celebramos la Epifanía del Señor, su manifestación a la gente, mientras numerosas Iglesias Orientales, según el calendario Juliano, festejan la Navidad. Esta ligera diferencia, que hace que se superpongan los dos momentos, hace resaltar que aquel Niño, nacido en la humildad de la gruta de Belén, es la luz del mundo, que orienta el camino de todos los pueblos. Es un binomio que también hace reflexionar desde el punto de vista de la fe: por una parte, en Navidad, ante Jesús, vemos la fe de María, de José y de los pastores; y hoy, en la Epifanía, vemos la fe de los Magos, venidos de Oriente para adorar al rey de los Judíos.

La Virgen María, junto a su esposo, representan el “tronco” de Israel, el “resto” preanunciado por los profetas, del que debía germinar el Mesías. En cambio los Magos representan los pueblos, y también podemos decir las civilizaciones, las culturas, y las religiones que están, por decirlo de alguna manera, en camino hacia Dios, en busca de su reino de paz, de justicia, de verdad y de libertad. En un primer momento hay un núcleo, personificado por María, la “hija de Sión”: un núcleo de Israel, el pueblo que conoce y que tiene fe en aquel Dios que se ha revelado a los Patriarcas y en el camino de la historia. Esta fe alcanza su cumplimiento en María, en la plenitud de los tiempos; en ella, “bienaventurada porque ha creído”, el Verbo se ha hecho carne, Dios ha “aparecido” en el mundo. La fe de María se convierte en la primicia y el modelo de la fe de la Iglesia, Puelo de la Nueva Alianza. Pero este pueblo es desde el inicio universal, y esto lo vemos hoy en las figuras de los Magos, que llegan a Belén siguiendo la luz de una estrella y las indicaciones de las Sagradas Escrituras.

San León Magno afirma: “En un tiempo se había prometido a Abraham una descendencia innumerable que habría sido generada no según la carne, sino en la fecundidad de la fe” (Discurso 3 para la Epifanía, 1: PL 54, 240). La fe de María se puede poner junto a la de Abraham: es el nuevo inicio de la misma promesa, del mismo inmutable designio de Dios, que encuentra ahora su pleno cumplimiento en Jesucristo. Y la luz de Cristo es tan límpida y fuerte que hace inteligible tanto el lenguaje del cosmos, cuanto el de las Escrituras, de modo que todos aquellos que, como los Magos, están abiertos a la verdad, pueden reconocerla y llegar a contemplar al Salvador del mundo. Dice también San León: “Que entre por tanto en la familia de los patriarcas la gran masa de las gentes… Que todos los pueblos adoren al Creador del universo, y que Dios sea conocido no sólo en Judea, sino en toda la tierra» (Ibíd.). También en esta perspectiva podemos ver las Ordenaciones episcopales que he tenido la alegría de conferir esta mañana en la Basílica de San Pedro: dos de los nuevos Obispos permanecerán al servicio de la Santa Sede, y los otros dos partirán para ser Representantes Pontificios en dos naciones. Oremos por cada uno de ellos, por su ministerio, y para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo entero. 

Queridos hermanos y hermanas: Mañana las Iglesias de Oriente que siguen el calendario juliano celebrarán la Navidad del Señor: en la alegría de la fe común les dirigido mi más cordial deseo de paz, con un recuerdo especial en la oración








jueves, 3 de enero de 2013

Y son esas mismas ansias de Dios las que traen los tres Magos desde Oriente hasta aquel humilde pesebre.



Para bendición de tiempos desarraigados,193
en este Nazaret
Dios trae Salvación a las familias;
allí donde los hombre se consagran a Schoenstatt,
el quiere regalar con clemencia
santidad de la vida diaria.

En el pobre y pequeño343
establo De Belén,
das a luz para todos nosotros
al Señor del mundo.
Tal como muestras al Niño a pastores y reyes
Y te inclinas ante El adorándole y sirviéndolo,
así queremos con amor
Ser siempre tus instrumentos
y llevarlo a la profundidad del corazón humano.
   (Hacia el Padre.P.José Kentenich)         


 Pero también hay una santa inquietud, la que se manifiesta en el creciente anhelo de entablar amistad con el Dios envuelto en pañales. Un deseo que ha estado igualmente presente en la historia desde aquella hora en Belén: la descubrimos en el corazón de María Santísima y el pecho de san José; la encontramos entre los pastores que, movidos por ella, abandonaron su campo de pastoreo para dirigirse al establo, Y son esas mismas ansias de Dios las que traen los tres  Magos desde Oriente hasta aquel humilde pesebre.
P. José Kentenich Homilía 25 de diciembre 1963