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lunes, 28 de enero de 2013

Antes de poder hablar de Dios y con Dios, hay que escucharlo, y la liturgia de la Iglesia es la “escuela” de esta escucha del Señor que nos habla.


















Ciudad del Vaticano, 27 de enero 2012 (VIS).-”Cada momento puede ser un “hoy” propicio para nuestra conversión. Cada día puede ser el “hoy” salvífico porque la salvación es historia que continúa para la Iglesia y para cada discípulo de Cristo. Este es el sentido cristiano del “carpe diem”: aprovecha el hoy en que Dios te llama para darte la salvación”. Estas han sido las palabras que ha dirigido el Papa a los fieles reunidos a mediodía en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus.

Como es habitual, Benedicto XVI ha comentado las lecturas de la liturgia dominical, especialmente el evangelio en que San Lucas habla de la presencia de Jesús un sábado en la sinagoga de Nazaret. “Como buen observante, el Señor no se sustrae al ritmo litúrgico semanal y se une a la asamblea de sus compatriotas en la oración y en la escucha de las Escrituras. El rito prevé la lectura de un texto de la Torah o de los Profetas, seguido por un comentario. Ese día Jesús se levantó para leer y encontró un pasaje del profeta Isaías que inicia así: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres (...), Finalizada la lectura Jesús dice: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acabáis de escuchar”. San Cirilo de Alejandría afirma que el “hoy”, colocado entre la primera y la última venida de Cristo, corresponde a la capacidad del creyente de escuchar y arrepentirse. Pero, en sentido aún más radical, Jesús mismo es el “hoy” de la salvación en la historia, porque lleva a cumplimiento la plenitud de la redención”.

“Este pasaje evangélico nos interpela “hoy” también a nosotros. En primer lugar, nos hace pensar en nuestro modo de vivir el domingo: día familiar y de descanso, pero todavía más, día que debemos dedicar al Señor, participando en la Eucaristía, con la cual nos nutrimos del Cuerpo y Sangre de Cristo y de su Palabra de vida. En segundo lugar, en nuestro tiempo de dispersión y distracción, este Evangelio nos invita a interrogarnos sobre nuestra capacidad de escucha. Antes de poder hablar de Dios y con Dios, hay que escucharlo, y la liturgia de la Iglesia es la “escuela” de esta escucha del Señor que nos habla”.

Después de rezar el Ángelus el Papa soltó en el cielo de Roma dos palomas que le trajeron un niño y una niña pertenecientes a la Acción Católica que concluye con la Caravana de la Paz en la Plaza de San Pedro el mes de enero tradicionalmente dedicado a este tema.

Ciudad del Vaticano, 27 enero 2012 (VIS).-En la Jornada de la Memoria, en recuerdo del Holocausto de las víctimas del nazismo, Benedicto XVI ha dicho, después de rezar el Ángelus: “La memoria de esta enorme tragedia, que golpeó con tanta dureza sobre todo al pueblo hebreo, debe representar para todos una advertencia constante para que no se repitan los horrores del pasado, se supere cualquier forma de odio y de racismo y se promueva el respeto y la dignidad de la persona humana”.

También se celebra hoy la LX Jornada Mundial de la lucha contra la lepra y el Papa ha manifestado su “cercanía a las personas aquejadas por esa enfermedad” y alentado a los investigadores, agentes sanitarios y voluntarios,, en particular a cuantos forman parte de las organizaciones católicas y de la Asociación de amigos de Raoul Follereau. “Invoco para todos la ayuda espiritual de san Damián de Veuster y de santa Marianne Cope, que dieron su vida por los enfermos de lepra”.

“Este domingo -ha proseguido- se celebra, además, una Jornada especial de intercesión por la paz en Tierra Santa. Doy las gracias a cuantos la promueven en muchas partes del mundo y saludo en particular a los que están aquí presentes”.

El Papa ha concluido dirigiéndose a los fieles polacos. “Hoy me uno a la Iglesia en Polonia en la acción de gracias por la vida y el ministerio del difunto cardenal primado Jozef Glemp. ¡Que el Señor recompense su entrega pastoral y le tenga en su gloria!”.


Texto completo de las Palabras del Santo Padre durante el rezo del Ángelus:

¡Queridos hermanos y hermanas!

La liturgia de hoy nos presenta, juntos, dos pasajes distintos del Evangelio de Lucas. El primero (1,1-4) es el prólogo, dirigido a un tal «Teófilo»; porque este nombre en griego significa «amigo de Dios», podemos ver en él a cada creyente que se abre a Dios y quiere conocer el Evangelio. En cambio, el segundo pasaje evangélico (4,14-21) nos presenta a Jesús que «con la potencia del Espíritu» se dirige el sábado a la sinagoga de Nazaret. Como buen observante, el Señor no se sustrae al ritmo litúrgico semanal y se une a la asamblea de sus compatriotas en la oración y en la escucha de las Escrituras. El rito prevé la lectura de un texto de la Tora o de los Profetas, seguida por un comentario. Ese día Jesús se levantó para leer y encontró un pasaje del profeta Isaías que inicia así: «El Espíritu del Señor está sobre mí, / porque me ha consagrado por la unción./ Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres » (61,1-2). Orígenes comenta: «No es una casualidad que haya abierto el libro y encontrado el capítulo de la lectura que profetiza sobre él, sino también esto fue obra de la providencia de Dios» (Homilías sobre el Evangelio de Lucas, 32,3). Jesús de hecho, finalizada la lectura, en un silencio cargado de atención, dice: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír» (Lc 4,21). San Cirilo de Alejandría afirma que el «hoy», colocado entre la primera y la última venida de Cristo, está ligado a la capacidad del creyente de escuchar y arrepentirse (cfr PG 69, 1241). Pero, en sentido aún más radical, Jesús mismo es «el hoy» de la salvación en la historia, porque lleva a cumplimiento la plenitud de la redención. El término «hoy», muy querido a san Lucas (cfr 19,9; 23,43), nos conduce al título cristológico preferido por el mismo Evangelista, aquel de «salvador» (sōtēr). Ya en los relatos de la infancia, él está presente en las palabras del ángel a los pastores: « Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor» (Lc 2,11).

Queridos amigos, este pasaje evangélico interpela «hoy» también a nosotros. Sobre todo nos hace pensar a nuestro modo de vivir el domingo: día del descanso y de la familia, pero antes que nada día que debemos dedicar al Señor, participando en la Eucaristía, con la cual nos nutrimos del Cuerpo y Sangre de Cristo y de su Palabra de vida. En segundo lugar, en nuestro tiempo de dispersión y distracción, este Evangelio nos invita a interrogarnos sobre nuestra capacidad de escucha. Antes de poder hablar de Dios y con Dios, hay que escucharlo, y la liturgia de la Iglesia es la “escuela” de esta escucha del Señor que nos habla. Por último, nos dice que cualquier momento puede convertirse en un «hoy» propicio para nuestra conversión. Cada día (kathēmeran) puede convertirse el hoy salvífico, porque la salvación es historia que continúa para la Iglesia y para cada discípulo de Cristo. Este es el sentido cristiano del «carpe diem»: ¡aprovecha el hoy en el que Dios te llama para donarte la salvación!

Que la Virgen María sea siempre nuestro modelo y nuestra guía en el saber reconocer y acoger, cada día de nuestra vida, la presencia de Dios, Salvador nuestro y de toda la humanidad.



martes, 15 de enero de 2013

Este Jesús es el Hijo de Dios que está totalmente inmerso en la voluntad de amor del Padre. Este Jesús es Aquel que morirá en la cruz y resurgirá por la potencia del mismo Espíritu que ahora se posa sobre Él y lo consagra











Ciudad del Vaticano, 13 de enero de 2013 (VIS).-En el primer domingo después de la Epifanía, que concluye el tiempo litúrgico de Navidad, Benedicto XVI se asomó a mediodía a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

“Hoy celebramos -ha dicho el Papa- la fiesta del Bautismo de Jesús: vemos a aquel niño, nacido de la Virgen -que contemplamos en el misterio de su nacimiento- como adulto que se sumerge en las aguas del río Jordán y santifica así todas las aguas y el mundo entero, como afirma la tradición oriental. Pero ¿por qué Jesús, en el que no había sombra de pecado fue a bautizarse por el profeta Juan? ¿Por qué quiso llevar a cabo ese gesto de penitencia y conversión, junto con tantas personas que querían preparar la venida del Mesías?. Ese gesto que marca el principio de la vida pública de Cristo, como atestiguan todos los evangelistas, se sitúa en la misma línea de la Encarnación, de la bajada de Dios, desde lo más alto del cielo al abismo de los infiernos. El sentido de este movimiento descendente se resume en una palabra única: amor, que es el nombre mismo de Dios”.

El Jesús que se bautiza en el Jordán es “ el hombre nuevo que quiere vivir como hijo de Dios, es decir, en el amor; el hombre que, frente al mal del mundo, elige el camino de la humildad y de la responsabilidad, no elige salvarse a sí mismo, sino ofrecer su vida por la verdad y la justicia. Ser cristiano significa vivir así; pero este género de vida comporta un renacimiento: renacer desde lo alto, desde Dios, desde la Gracia. Este renacimiento es el Bautismo que Cristo ha dado a la Iglesia para regenerar a los hombres a la vida nueva”.


El Santo Padre, recordando que esta mañana había bautizado a diversos niños en la Capilla Sixtina, ha querido hacer extensiva su bendición y sus oraciones “ a todos los recién nacidos. Pero sobre todo invitar a todos a recordar el propio bautismo, ese renacimiento espiritual que nos abrió el camino de la vida eterna. ¡Ojalá todos los cristianos en este Año de la Fe, descubran de nuevo la belleza de haber renacido desde lo alto, desde el amor de Dios, y vivir como su hijo verdadero”.
Fuente: visnews-es

Texto Alocución del Benedicto XVI previo al 
rezo mariano del Angelus Domini 13.01.2012

Queridos hermanos y hermanas: 


Con este domingo después de la Epifanía se concluye el Tiempo litúrgico de la Navidad: tiempo de luz, la luz de Cristo que, como nuevo sol aparecido en el horizonte de la humanidad, disipa las tinieblas del mal y de la ignorancia. Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús: aquel Niño, hijo de la Virgen, que contemplamos en el misterio de su nacimiento, lo vemos hoy adulto sumergirse en las aguas del río Jordán, y santificar así todas las aguas y el cosmos entero –como indica la tradición oriental. Pero ¿por qué Jesús, en quien no había sombra de pecado, fue para hacerse bautizar por Juan? ¿Por qué quiso realizar este gesto de penitencia y conversión, junto con tantas personas que de este modo querían prepararse para la venida del mesías? Aquel gesto –que marca el inicio de la vida pública de Cristo, se coloca en la misma línea de la Encarnación, de la venida de Dios desde el más alto de los cielos hasta el abismo de los infiernos. El sentido de este movimiento de abajamiento divino se resume en una única palabra: amor, que es el nombre mismo de Dios. Escribe el apóstol Juan: «Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él», y lo envió «como víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Jn 4,9-10). Por esto el primer acto público de Jesús fue el de recibir el bautismo de Juan, el cual, viéndolo llegar, dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29).

Narra el evangelista Lucas que mientras Jesús, habiendo recibido el bautismo, «mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”» (3,21-22). Este Jesús es el Hijo de Dios que está totalmente inmerso en la voluntad de amor del Padre. Este Jesús es Aquel que morirá en la cruz y resurgirá por la potencia del mismo Espíritu que ahora se posa sobre Él y lo consagra. Este Jesús es el hombre nuevo que quiere vivir como hijo de Dios, es decir, en el amor; el hombre que ante el mal del mundo, elige el camino de la humildad y de la responsabilidad, elige no de salvarse a sí mismo sino de ofrecer la propia vida por la verdad y la justicia. Ser cristianos significa vivir así, pero este tipo de vida comporta renacer: renacer desde lo alto, desde Dios, desde la Gracia. Este renacer es el Bautismo, que Cristo ha donado a la Iglesia para regenerar a los hombres en la vida nueva. Afirma un antiguo texto atribuido a san Hipólito: “quien baja con fe en este bautismo de regeneración, renuncia al diablo y se une a Cristo, reniega al enemigo y reconoce que Cristo es Dios, se desnuda de la esclavitud y se reviste de la adopción filial” (del Discurso sobre la Epifanía, 10: Pg 10, 862).

Según la tradición, esta mañana tuve la alegría de bautizar a un numeroso grupo de niños que nacieron en los últimos tres o cuatro meses. En este momento quiero extender mi oración y mi bendición a todos los recién nacidos; pero en especial invitar a todos a recordar nuestro Bautismo, hacer memoria de aquel renacer espiritual que nos abrió el camino de la vida eterna. Que pueda cada cristiano, en este Año de la fe, redescubrir la belleza de haber renacido desde lo alto, desde el amor de Dios, y vivir como su verdadero hijo. 


lunes, 31 de diciembre de 2012

Que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos


Palabras del Papa antes del rezo del 

Ángelus Domingo 30 de diciembre 

2013:







¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy es la fiesta de la Santa Familia de Nazaret. En la liturgia, el pasaje del Evangelio de Lucas nos presenta a la Virgen María y a san José que, fieles a la tradición, suben a Jerusalén para la Pascua junto con un Jesús de doce años. La primera vez en la que Jesús había entrado en el Templo del Señor fue a los cuarenta días después de su nacimiento, cuando sus padres habían ofrecido por él « un par de tórtolas o de pichones de paloma» (Lc 2,24), o sea la ofrenda de los pobres. «Lucas, cuyo entero Evangelio está lleno de una teología de los pobres y de la pobreza, hace entender… que la familia de Jesús estaba incluida entre los pobres de Israel; nos hace entender que justamente entre ellos podía madurar el cumplimiento de la promesa» (La infancia de Jesús, 96). Hoy Jesús está de nuevo en el Templo, pero esta vez tiene un rol diferente, que lo involucra en primera persona. Él cumple, con María y José, la peregrinación a Jerusalén según cuanto prescribe la Ley (cfr Es 23,17; 34,23ss), aunque todavía no había cumplido los trece años: signo de la profunda religiosidad de la Santa Familia. Cuando, sin embargo, sus padres vuelven hacia Nazaret, ocurre algo inesperado: Él, sin decir nada, se queda en la Ciudad. Por tres días María y José lo buscan y lo encuentran en el Templo, conversando con los maestros de la Ley (cfr Lc 2,46-47); y cuando le piden explicaciones, Jesús responde que no deben sorprenderse, porque aquel es su lugar, aquella es su casa, junto al Padre, que es Dios (cfr La infancia de Jesús, 143). «Él – escribe Orígenes – profesa que está en el templo de su Padre, aquel Padre que nos ha revelado a nosotros y del cual ha dicho que es su Hijo» (Homilías sobre el Evangelio de Lucas, 18, 5).


La preocupación de María y José por Jesús es la misma de cada padre que educa a un hijo, lo introduce a la vida y a la comprensión de la realidad. Hoy por lo tanto es necesaria una especial oración al Señor por todas las familias del mundo. Imitando a la santa Familia de Nazaret, que los padres se preocupen seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin jamás olvidar que la fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos también con el ejemplo personal. Al mismo tiempo, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios, sea sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos, que no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios.

El silencio de José, hombre justo (cfr Mt 1,19), y el ejemplo de María, que guardaba todo en su corazón (cfr Lc 2,51), nos hagan entrar en el misterio lleno de fe y de humanidad de la Santa Familia. Deseo a todas las familias cristianas vivir en presencia de Dios con el mismo amor y con el mismo gozo de la familia de Jesús, María y José.


martes, 11 de diciembre de 2012

Que en este tiempo de Adviento, María Inmaculada nos enseñe a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio para recibir su Gracia.Alocución del Santo Padre a a los pies de la estatua de la Inmaculada Concepción en la plaza de España de Roma





Alocución del Santo Padre a a los pies de la estatua de la Inmaculada Concepción en la plaza de España de Roma
Queridos hermanos y hermanas!


Siempre es un placer especial para reunirnos aquí, en la Piazza de España, en la fiesta de María Inmaculada. Reunirnos juntos - romanos, peregrinos y visitantes - a los pies de la estatua de nuestra Madre espiritual, nos hace sentir unidos en el signo de la fe. Me gusta subrayarlo en este Año de la fe que toda la Iglesia está viviendo. Os saludo con afecto y me gustaría compartir con ustedes algunos simples pensamientos, sugeridos por el Evangelio de esta solemnidad: el Evangelio de la Anunciación.

En primer lugar, nos sorprendente siempre, y nos hace reflexionar, el hecho de que el momento decisivo para el futuro de la humanidad, el momento en que Dios se hizo hombre, está rodeado de un gran silencio. El encuentro entre el mensajero divino y la Virgen Inmaculada pasa totalmente desapercibido: nadie sabe, nadie habla de ello. Es un acontecimiento que, si hubiera sucedido en nuestro tiempo, no dejaría huella en los periódicos y en las revistas, porque es un misterio que sucede en el silencio. Lo que es realmente grande a menudo pasa desapercibido y el silencio apacible se revela más fructífero que la frenética agitación que caracteriza nuestras ciudades, pero que - con las debidas proporciones - se vivía ya en las grandes ciudades de entonces, como Jerusalén. Aquel activismo que nos impide detenernos, estar tranquilos, escuchar el silencio en el que el Señor hace oír su voz discreta.

María, el día que recibió el anuncio del Ángel, estaba recogida y al mismo tiempo abierta a la escucha de Dios. En ella no había obstáculo alguno, ninguna pantalla, nada que la separa de Dios. Este es el significado de su ser sin pecado original: su relación con Dios está libre de la más mínima imperfección, no hay separación, no hay sombra de egoísmo, sino una sintonía perfecta: su pequeño corazón humano está perfectamente "centrado" en el gran corazón de Dios. Así que, queridos hermanos y hermanas, venir aquí ante este monumento a María, en el centro de Roma, nos recuerda en primer lugar, que la voz de Dios no se reconoce en el ruido y la agitación; su diseño en nuestra vida personal y social no se percibe quedándose en la superficie, sino yendo a un nivel más profundo, donde las fuerzas no son de índole económica o política, sino morales y espirituales. Es allí, donde María nos invita a ir y a sintonizar con la acción de Dios.

Hay una segunda cosa, aún más importante, que la Inmaculada nos dice cuando estamos aquí, y es que la salvación del mundo no es obra del hombre - de la ciencia, de la tecnología, de la ideología -, sino es por la gracia. ¿Qué significa esta palabra? Gracia significa el Amor en su pureza y belleza, es Dios tal como se revela en la historia de la salvación narrada en la Biblia y cumplida en Jesucristo. María es llamada la "llena de gracia" (Lc 1:28) y esta identidad nos recuerda el primado de Dios en nuestra vida y en la historia del mundo, nos recuerda que el poder del amor de Dios es más fuerte que el mal, puede llenar los vacíos que el egoísmo provoca en la historia de las personas, de las familias, naciones y el mundo. Estos vacíos pueden convertirse en infiernos, donde la vida humana es como si se tirara hacia abajo y hacia la nada, perdiendo el sentido y la luz. 

Las falsas soluciones que ofrece el mundo para llenar esos vacíos – emblemática es la droga - de hecho ensanchan el abismo. Sólo el amor nos puede salvar de esta caída, pero no un amor cualquiera: un amor que tenga en él la pureza de Gracia – de Dios que transforma y renueva - y que pueda poner en los pulmones intoxicados nuevo oxígeno, aire limpio, energía nueva de vida. María nos dice que, por mucho que pueda caer el hombre, nunca es demasiado bajo para Dios, que descendió hasta los infiernos; por mucho que nuestro corazón ande por mal camino, Dios es siempre "más grande que nuestro corazón" (1 Juan 3:20). El soplo suave de la Gracia puede dispersar las nubes más negras, puede hacer la vida más hermosa y llena de significado incluso en las situaciones más inhumanas.

Y aquí viene la tercera cosa que nos dice María Inmaculada: nos habla de la alegría, la verdadera alegría que se extiende en el corazón liberado del pecado. El pecado trae consigo una tristeza negativa, que nos induce a encerrarnos en sí mismos. La Gracia trae la verdadera alegría que no depende de la posesión de las cosas, sino que tiene sus raíces en lo más íntimo, en lo más profundo de la persona, y que nada ni nadie puede quitar. El cristianismo es esencialmente un "evangelio", una "buena noticia", mientras que algunos piensan que es un obstáculo a la alegría, ya que lo ven en él una serie de prohibiciones y reglas. En realidad, el cristianismo es el anuncio de la victoria de la Gracia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte. Y si implica algunos sacrificios y disciplina de la mente, del corazón y del comportamiento, es precisamente porque en el hombre hay la raíz venenosa del egoísmo, que perjudica a sí mismos y a los demás. Por tanto, debemos aprender a decir no a la voz del egoísmo y a decir sí a la del amor auténtico. La alegría de María es plena, porque en su corazón no hay sombra de pecado. Esta alegría coincide con la presencia de Jesús en su vida: Jesús concebido y llevado en el vientre, después niño confiado a sus cuidados maternos, adolescente y joven y hombre maduro. Jesús que parte de casa, seguido a distancia con la fe hasta la Cruz y la Resurrección: Jesús es la alegría de María y la alegría de la Iglesia.

Que en este tiempo de Adviento, María Inmaculada nos enseñe a escuchar la voz de Dios que habla en el silencio para recibir su Gracia, que nos libera del pecado y del egoísmo, para gozar así la verdadera alegría. María, llena de gracia, ruega por nosotros! 






lunes, 3 de diciembre de 2012

La Virgen María encarna perfectamente el espíritu del Adviento, hecho de la escucha de Dios, de deseo profundo de cumplir con su voluntad, de gozoso servicio hacia el prójimo.


TEXTO ALOCUCIÓN PONTIFICIA PREVIA AL REZO MARIANO DEL ANGELUS 02.12.12 / Primer Domingo de Adviento en el Año de la fe




Queridos hermanos y hermanas:

Hoy la Iglesia inicia un nuevo Año litúrgico, un camino que viene ulteriormente enriquecido por el Año de la fe, a 50 años de la apertura del Concilio Ecuménico Vaticano II. El primer Tiempo de este itinerario es el Adviento, formado, en el Rito Romano, por las cuatro semanas que preceden el Nacimiento del Señor, es decir el misterio de la encarnación. La palabra «adviento» significa «venida» o «presencia». En el mundo antiguo indicaba la visita del rey o del emperador a una provincia; en el lenguaje cristiano se refiere a la venida de Dios, a su presencia en el mundo; un misterio que envuelve por entero el cosmos y la historia, pero que conoce dos momentos culminantes: la primera y la segunda venida de Jesucristo. La primera es en la Encarnación; la segunda es el regreso glorioso al final de los tiempos. Estos dos momentos, que cronológicamente son distantes -y no nos es dado saber cuánto-, en profundidad se tocan, porque con su muerte y resurrección Jesús ha realizado ya aquella transformación del hombre y del cosmos que es la meta final de la creación. Sin embargo antes del final, es necesario que el Evangelio sea proclamado a todas las naciones, dice Jesús en el Evangelio de san Marcos (cfr Mc 13,10). La venida del Señor continúa, el mundo debe ser penetrado por su presencia. Y esta venida permanente del Señor en el anuncio del Evangelio requiere continuamente nuestra colaboración; y la Iglesia, que es como la Novia, la prometida Esposa del Cordero de Dios crucificado y resucitado (cfr Ap 21,9), en comunión con su Señor colabora en esta venida del Señor, en la que ya empieza su regreso glorioso.

A esto nos llama hoy la Palabra de Dios, trazando la línea de conducta a seguir para estar preparados a la venida del Señor. En el Evangelio de Lucas, Jesús dice a sus discípulos: «Guardaos de que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez … Estad en vela orando en todo tiempo» (Lc 21,34.36). Por lo tanto, sobriedad y oración. Y el apóstol Pablo añade la invitación a «progresar y sobreabundar en el amor» de unos con otros, y para con todos para que se consoliden los corazones con santidad irreprochable ante Dios (cfr 1 Ts 3,12-13). En medio del desorden del mundo, o en los desiertos de la indiferencia y del materialismo, los cristianos acogen de Dios la salvación y la testimonian con un modo diverso de vivir, como una ciudad colocada sobre un monte. «En Aquellos días - anuncia el profeta Jeremías - estará a salvo Jerusalén, y la llamarán "El Señor es nuestra justicia"» (33,16). La comunidad de los creyentes es signo del amor de Dios, de su justicia que ya está presente y operosa en la historia pero que no está todavía plenamente realizada, y por lo tanto es siempre esperada, invocada, buscada con paciencia y valor. 

La Virgen María encarna perfectamente el espíritu del Adviento, hecho de la escucha de Dios, de deseo profundo de cumplir con su voluntad, de gozoso servicio hacia el prójimo. Dejémonos guiar por ella, para que el Dios que viene no nos encuentre cerrados o distraídos, sino que pueda, en cada uno de nosotros, extender un poco de su reino de amor, de justicia y de paz. 
















V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María... Santa María...
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María... Santa María...
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María... Santa María...
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
Oremos:
Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.


ÁNGELUS DOMINI
V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
R. Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave María.
V. Ecce ancílla Dómini.
R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave María.
V. Et Verbum caro factum est.
R. Et habitávit in nobis.
Ave María.
V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
Orémus:
Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.






martes, 13 de noviembre de 2012

Angelus Domini. Benedicto XVI 32 del tiempo ordinario 11 de noviembre 2012



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Elocuente ejemplo de dos mujeres, el Papa en el ángelus









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(RV).- (Con Audio) La entrega completa de la propia vida al Señor y al prójimo, fue el centro de la reflexión que el Sucesor de Pedro compartió en el saludo en lengua española, después del rezo de la oración dominical del Ángelus con los peregrinos reunidos en la plaza del santuario de San Pedro.

“Estas dos mujeres lo dan todo, se dan a sí mismas, y se ponen en las manos de Dios por el bien de los demás” explicó el Papa siguiendo las lecturas de la liturgia del domingo. “El gesto de dos viudas-dijo-, la del Evangelio, al igual que la del Antiguo Testamento, nos lleva a reconocer el valor fundamental que tiene la entrega completa de la propia vida al Señor y al prójimo”.

Benedicto XVI saludó en particular a los peregrinos de la Parroquia San José Obrero, de San Boi de Llobregat, y de la Asociación de Padres del Colegio El Prado, de Madrid, rogando para todos: “Que estos elocuentes ejemplos de desprendimiento y confianza sin límites en la Providencia divina iluminen cada día nuestro seguimiento de Cristo. Muchas gracias”.


Texto y audio completo de los saludos en Español (AUDIO)
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Saludo con afecto a los fieles de lengua española, en particular a los peregrinos de la Parroquia San José Obrero, de San Boi de Llobregat, y de la Asociación de Padres del Colegio El Prado, de Madrid. En la liturgia de este domingo, el gesto de dos viudas, la del Evangelio, al igual que la del Antiguo Testamento, nos lleva a reconocer el valor fundamental que tiene la entrega completa de la propia vida al Señor y al prójimo. Estas dos mujeres lo dan todo, se dan a sí mismas, y se ponen en las manos de Dios por el bien de los demás. Que estos elocuentes ejemplos de desprendimiento y confianza sin límites en la Providencia divina iluminen cada día nuestro seguimiento de Cristo. Muchas gracias.


Son muy pobres y sin embargo demuestran mucha fe

En su reflexión previa a la oración del ángelus, Benedicto XVI, refiriéndose a las dos mujeres mencionadas por la liturgia del domingo, expresó que se trata de una “preciosa enseñanza sobre la fe”.
En el caso de estas dos mujeres, dijo: “La fe aparece como la actitud interior de quien funda la propia vida en Dios, sobre su Palabra y confía totalmente en él”.
El Papa afirmó que “Dios pide siempre nuestra libre adhesión de fe, que se expresa en el amor por Él y por el prójimo. Ninguno es tan pobre que no pueda donar alguna cosa. En efecto, ambas viudas demuestran su fe realizando un gesto de caridad: una hacia el profeta y la otra ofreciendo limosna. Así testimonian la unidad inseparable entre fe y caridad, como también entre el amor a Dios y al prójimo”.

Finalmente el Obispo de Roma manifestó que “la Virgen María es ejemplo perfecto de quien se ofrece todo entero confiando en Dios; con esta fe ella dijo al ángel “Aquí estoy” y acogió la voluntad de Dios” (jesuita Guillermo Ortiz- RV)

Texto completo del Ángelus en Español (Audio)
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La Liturgia de la Palabra de este domingo nos presenta como modelos de fe las figuras de dos viudas. Nos las presenta paralelamente: una en el Primer libro de los Reyes (17,10-16), la otra en el Evangelio de Marcos (12,41-44). Ambas mujeres son muy pobres, y justo en esta condición demuestran una gran fe en Dios. La primera aparece en el ciclo de las narraciones sobre el profeta Elías. Él durante un tiempo de carestía, recibe del Señor la orden de acudir a las proximidades de Sidón, fuera de Israel, en territorio pagano. Ahí encuentra a esta viuda y le pide agua de beber y un poco de pan. La mujer le responde que solamente le queda solo un puñado de harina y un poco de aceite, pero, porque el profeta insiste y le promete, que, si lo escuchará, harina y aceite no faltarán, satisface su petición y es recompensada. La segunda viuda, aquella del Evangelio, es notada por Jesús en el templo de Jerusalén, precisamente ante el arca, donde la gente colocaba sus ofrendas. Jesús vio que esta mujer colocaba en el arca dos moneditas; entonces llamó a sus discípulos y explicó que su óbolo es mayor del de los ricos, porque, mientras ellos dan lo que les sobra, la viuda ofreció “todo cuanto tenia para vivir” (Mc 12,44).



De estos dos episodios bíblicos, sabiamente presentados, se puede recabar una preciosa enseñanza sobre la fe. Ésta aparece como la actitud interior de quien funda la propia vida sobre Dios, sobre su Palabra, y confía totalmente en Él. Aquella de la viuda, en la antigüedad, constituía de por sí una condición de grave necesidad. Por esto, en la Biblia, las viudas y los huérfanos son personas de las cuales Dios cuida en modo especial: han perdido el apoyo terreno, pero Dios permanece su Esposo. Su Padre. Pero la Escritura dice que la condición objetiva de necesidad, en este caso el hecho de ser viuda, no es suficiente: Dios pide siempre nuestra libre adhesión de fe, que se expresa en el amor por Él y por el prójimo. Ninguno es tan pobre que no pueda donar alguna cosa. En efecto ambas viudas demuestran su fe realizando un gesto de caridad: una hacia el profeta y la otra ofreciendo limosna. Así testimonian la unidad inseparable entre fe y caridad, como también entre el amor a Dios y al amor prójimo –como nos recordaba el Evangelio del domingo pasado. El Papa San León Magno, del quien ayer celebramos la memoria, afirma: «En la balanza de la justicia divina no se pesa la cantidad de los dones, sino el peso de los corazones. La viuda del Evangelio depositó en el tesoro del templo dos monedas y superó los dones de todos los ricos. Ningún gesto de bondad carece de sentido ante Dios, ninguna misericordia permanece sin fruto»

La Virgen María es ejemplo perfecto de quien se ofrece todo entero confiando en Dios; con esta fe ella dijo al Ángel «Aquí estoy» y acogió la voluntad del Señor. Que María ayude también a cada uno de nosotros, en este Año de la fe, para reforzar la confianza en Dios y en su Palabra
(Traducción del Italiano Patricia Jáuregui - RV)

Luego del Ángelus, Benedicto XVI recordó que ayer en Spoleto (Italia), fue proclamada Beata María Luisa Prosperi, de la primera mitad del siglo XIX (diecinueve) monja y abadesa del monasterio benedictino de Trevi. Junto con toda la Familia benedictina y la Comunidad diocesaza de Spoleto-Norcia -dijo el Papa- alabamos al Señor por su hija que quiso asimilarse particularmente a la Pasión de Cristo.


Asimismo, el Pontífice recordó que hoy en Italia se celebra la “Jornada de Agradecimiento”. En el contexto del Año de la Fe, el tema de esta jornada -«Confía en el Señor y haz el bien; habita en la tierra y vive tranquilo» (Sal 37,3) – vuelve a llamar a la necesidad de un estilo de vida radicado en la fe, para reconocer con ánimo agradecido la mano creadora y providencial de Dios que alimenta a sus hijos. En este contexto, el Papa saludó particularmente a los agricultores.


A los peregrinos francófonos, Benedicto XVI los invitó a tener -como el Señor- una mirada buena y justa sobre las personas y los eventos. A menudo –dijo- nos dejamos impresionar y condicionar por las apariencias y los slogans que desnaturalizan las cosas. Busquemos ver – más allá de lo que aparece, la chispa de bondad que se deposita y que podrá esclarecer nuestro juicio. De este modo -agregó el Pontífice- nuestra relación con Dios y con los otros será más verdadera y nuestras elecciones serán más libres. La humildad nos enseña que nosotros valemos solamente lo que somos ante Dios! Que en este camino -deseó- la Virgen María sea nuestro modelo. Feliz domingo para todos.


A los peregrinos de habla inglés el Papa les recordó que en el Evangelio de hoy, la viuda pobre da todo lo que posee para el Templo. Que su oferta incondicional nos ayude a confiarnos sólo del Señor y atribuir a cada cosa el lugar y el valor apropiado. Luego el Papa invocó para los presentes y sus familias abundantes bendiciones de Dios.


Benedicto XVI saludó también a los peregrinos polacos y particularmente a aquellos provenientes de Bulgaria. La Fiesta de la Independencia que hoy se celebra en Polonia -dijo- recuerda la fe de vuestros Padres, la historia y la fuerza del espíritu de las recientes generaciones. Sobre este fundamento ediquen la prosperidad de vuestra Patria. Hoy además sostengo –agregó- vuestras oraciones que ofrecen para los cristianos en Egipto, por iniciativa de la Asociación “Ayuda a la Iglesia que sufre”, con ocasión de la “Jornada de la Solidaridad con la Iglesia perseguida. Los bendigo a todos de corazón.


Y luego de saludar a los participantes en el Congreso sobre el Padre Teilhard de Chardin, que tuvo lugar en estos días en la Universidad Gregoriana, el Papa se dirigió a los peregrinos italianos, particularmente a los grupos parroquiales de Alice Bel Colle e Ricaldone (de la Diócesis de Acqui Terme), de Palermo, Caccamo y Randazzo, y de San Luca Evangelista en Roma. A todos les deseó un feliz domingo.
 













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