ALETEIA

lunes, 17 de junio de 2013

18 de junio,día de Alianza




Tres veces Admirable,
benigna y poderosa,
espiritualmente me postro ante tu imagen
en unión con todos los consagrados a ti,
que están dispuesto
a morir por tu reino

Queremos reflejarnos en tu imagen
y volver a sellar nuestra Alianza de Amor.
A nosotros, tus instrumentos,
en todo aseméjanos a ti,
Y en todas partes por nosotros
construye tu Reino de Schoenstatt.

(Hacia el Padre. P. José Kentenich nro 179-180) 






Rezo del Ángelus y Consagracion a la Mater. Undécimo Domingo del tiempo ordinario









miércoles, 5 de junio de 2013

El 5 de junio de 1949, el P. Kentenich procede a la Coronación de la Santísima Virgen, en el Santuario Cenáculo de Bellavista


Con la coronación de la Mater, concluye el triduo de tres fechas importantes en el año 1949

20 de mayo, Bendición del Santuario Cenáculo de Bellavista
31 de mayo, Tercer hito del Movimiento de Schoenstatt

5 de junio, Coronación de la Mater en el Santuario Cenáculo de Bellavista.

PLÁTICA DE CORONACIÓN 5 DE JUNIO DE 1949
SANTUARIO CENÁCULO DE BELLAVISTA.
PADRE JOSÉ KENTENICH.


El 5 de junio el P. Kentenich procede a la Coronación de la Santísima Virgen, en el Santuario de Bellavista:

“¡ Querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt! En nombre de nuestra pequeña familia y en nombre de toda la Familia de Schoenstatt, te entrego una corona. Tú sabes lo que esto significa. Lo hago en nombre de todos aquellos que, alguna vez, encuentren el camino a este Santuario, de todos aquellos que, en algún lugar y de alguna manera, acojan cálidamente la palabra Schoenstatt” 


El sentido más hondo de la coronación es expresar que somos perfectamente consciente de nuestra dependencia de María Santísima. La coronación es a la vez profundización y renovación de nuestra Alianza de Amor.

Por una parte, con la coronación nosotros expresamos nuestra perfecta conciencia de que dependemos de la Mater Ter Admirabilis y por otra, el coronar a María Santísima, ella nos regala una perfecta conciencia de responsabilidad
¡Nosotros somos quienes la coronamos! ¿Qué significa esto? Con la coronación le estamos diciendo a la Santísima Virgen: dependemos enteramente de ti… pero tu asumes la plena responsabilidad por el Cenáculo, por la venida del Espíritu Santo, por la acción eficaz del Espíritu Santo desde este pequeño Santuario.

El pueblo de Chile ha tomado partido por el hombre nuevo tal como resplandece en la imagen de María Inmaculada, sobre la cumbre del cerro ¿Quién formará y educará según este ideal de la inmaculada? Lo hará. Aquí, en el valle la Santísima Virgen, la gran educadora del pueblo chileno.

No se trata que ella arregle aquí o allá un poco las cosas, lo que todavía se puede arreglar. No se trata que sólo actué un poco. ¡No¡ María interviene en forma extraordinaria y única: Ella debe desplegar aquí todo su poder.

¿Creen ustedes realmente que María Santísima desplegará todo el poder intercesor que tiene ante el Espíritu Santo? Si en nosotros no alienta esa fe, nuestra obra será en gran medida una obra puramente humana… y en los tiempos que corren las obras humanas se desploman.

La Santísima Virgen  se apareció en Fátima y el sol se detuvo en el cielo. ¿ Que sucede en nuestro caso? Ella quiere hacer de nosotros apariciones suyas. María Santísima quiere formarnos, implorar la venida del Espíritu Santo para desplegar sobre nosotros su fuerza transformadora, creadora y perfeccionadora.
Por la coronación nos reconocemos totalmente dependiente de nuestra compañera en la Alianza como lo expresa la oración de consagración. Le entregamos a ella la última responsabilidad y, consciente de ser instrumento, consciente de nuestra misión, con valentía y tranquilidad






lunes, 15 de abril de 2013

Regina Coeli Santuario Cenáculo de Bellavista. Tercer Domingo de Pascua. 14 de abril 2013






REGINA COELI
Durante el tiempo pascual, en lugar del Ángelus, se dice el Regina coeli:

V. Reina del cielo, alégrate.
R. Aleluya.
V. Porque el Señor, a quien mereciste llevar.
R. Aleluya.
V. Ha resucitado, como lo había dicho.
R. Aleluya.
V. Ruega al Señor por nosotros.
R. Aleluya.
V. Goza y alégrate, Virgen María. Aleluya.
R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a alcanzar los gozos eternos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.



V. Regína coeli, laetáre.
R. Allelúja.
V. Quia quem meruísti portáre.
R. Allelúja.
V. Resurréxit, sicut dixit.
R. Allelúja.
V. Ora pro nobis Deum.
R. Allelúja.
V. Gaude et laetáre, Virgo María. Allelúja.
R. Quia surréxit Dóminus vere. Allelúja.
Orémus:
Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Jesu Christi mundum laetificáre dignátus es: praesta quaésumus ut per ejus Genitrícem Vírginem Maríam perpétuae capiámus gáudia vitae. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.





Regina Coeli cantada por el padre Mauricio Cox, año 2011

Regina coeli del papa Francisco. Tercer domingo de Pascua






¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!:
Querría detenerme brevemente en la página de los Hechos de los Apóstoles que se lee en la Liturgia de este tercer domingo de Pascua. Este texto refiere que la primera predicación de los apóstoles en Jerusalén llenó la ciudad de la noticia de que Jesús verdaderamente había resucitado, según las Escrituras, y era el Mesías anunciado por los profetas. Los sumos sacerdotes y los jefes de la ciudad trataron de truncar nada más nacer a la comunidad de los creyentes en Cristo e hicieron apresar a los apóstoles, ordenándoles que no enseñaran más en su nombre. Pero Pedro y los otros Once respondieron: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús… lo ha elevado a su derecha como cabeza y salvador… Y de estos hechos somos testigos nosotros y el Espíritu Santo" (Hechos 5,29-32). Entonces hicieron flagelar a los apóstoles y les ordenaron de nuevo que no hablaran más en el nombre de Jesús. Y ellos se fueron, como dice la Escritura, "contentos de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes en el nombre de Jesús" (v. 41).
Yo me pregunto: ¿dónde encontraban los primeros discípulos la fuerza para este testimonio suyo? No solo: de dónde les venían la alegría y el coraje del anuncio, a pesar de los obstáculos y los malos tratos? No olvidemos que los apóstoles eran personas sencillas, no eran escribas, doctores de la ley, ni pertenecientes a la clase sacerdotal. ¿Cómo pudieron, con sus límites y perseguidos por las autoridades, llenar Jerusalén con su enseñanza (cfr Hechos 5,28)? Está claro que solo la presencia con ellos del Señor Resucitado y la acción del Espíritu Santo pueden explicar este hecho. El Señor que estaba con ellos y el Espíritu que les impulsaba a la predicación explican este hecho extraordinario. Su fe se basaba en una experiencia tan fuerte y personal de Cristo muerto y resucitado, que no tenían miedo de nada ni de nadie, e incluso veían las persecuciones como un motivo de honor, que les permitía seguir las huellas de Jesús y asemejarse a El, testimoniando con la vida.
Esta historia de la primera comunidad cristiana nos dice una cosa muy importante, que vale para la Iglesia de todos los tiempos, también para nosotros: cuando una persona conoce verdaderamente a Jesucristo y cree en El, experimenta su presencia en la vida y la fuerza de su Resurrección, y no puede dejar de comunicar esta experiencia. Y si esta persona encuentra incomprensiones o adversidades, se comporta como Jesús en su Pasión: responde con el amor y con la fuerza de la verdad.
Rezando juntos el Regina Caeli, pidamos la ayuda de María Santísima para que la Iglesia en todo el mundo anuncie con franqueza y coraje la Resurrección del Señor y dé válido testimonio de ella con signos de amor fraterno. El amor fraterno es el testimonio más cercano que podemos dar de que Jesús está con nosotros vivo, que Jesús ha resucitado. Oremos en modo particular por los cristianos que sufren persecución; en este tiempo hay tantos cristianos que sufren persecución, tantos, tantos, en tantos países: recemos por ellos, con amor, desde nuestro corazón. Que sientan la presencia viva y confortadora del Señor Resucitado.